En enero me avisaron que volvería a trabajar en París y tengo una muy buena amiga española acá que entre varias cosas como burlarnos a diestra y siniestra de quien sea, tiene en común conmigo el amor por los conciertos y festivales. Elena muy amablemente me invitó al Primavera Sound en Barcelona, porque el cartel se veía increíble como para estar saltando de un escenario a otro y volverse loco (originalmente éramos tres en el viaje pero Paloma desertó porque Galicia la necesitaba). Así que viendo a los Strokes como el acto principal no lo dudé ni un minuto, además estaba Interpol (a quienes me perdería en el Vive Latino), quería ver a Jungle, Caribou, entre otros. Estaba muy emocionada con mi boleto en mano hasta que hubo que buscar hospedaje, ¡quería morir! ... ciudad turística, casi verano, lleno a tope, pesadillas interminables... resueltas gracias a mi amiga Ceci (abrazos cordiales a la colonia Escandón).
*Feliz en Barcelona con pose japonesa.
Para no hacer de esto una biblia (o sí, porque tal vez me inspire en los próximos segundos), pondré algunos de mis pensamientos al estar en el festival (muy al estilo Buzzfeed, porque se trata de que sepan mi experiencia no de que me gane un Pullitzer).
Es el festival más grande al que he ido, no sólo en cuanto al número de bandas, sino porque el complejo (Maresme Forum) era interminable (bueno no, pero me gusta exagerar). Del escenario principal a la entrada eran 20 minutos caminando (30 para mi que 'camino a mi ritmo').
Aquí las bandas tocan a las 3:00 am (Caribou), 4:00 a.m., 2:00 a.m. (Jungle, que al final ya no pude ver) y no sé si es porque todo mundo quiere fiesta hasta el amanecer o porque el transporte permite tener a la gente tan tarde en el complejo. Al salir hay un autobús que te deja en el centro de la ciudad (por 6 euros). El sábado el metro es 24 horas, así que rápidamente regresé a mi hogar provisional de esos días.
La zona de comida era gigante y considerando que un Red Bull costaba 2.50 euros, no se me hizo tan caro, porque en México cuesta 70 en muchos festivales. La cerveza estaba en dos o 4 euros, lo cual tampoco se me hizo tan descabellado (tomando en cuenta lo que cuesta en el Foro Sol en cualquier evento).
El escenario Ray Ban se ganó mi corazón (el que tengo como pasa en crecimiento como el Grinch), ¡porque detrás de él estaba el mar! Estar ahí en el atardecer era muy especial, y al ser un espacio tan abierto, con unas gradas enormes en frente en las que podías estar cómodamente sentado (un regalo para la gente que sufre senectud temprana como yo), hacía aún más especial la experiencia.
Caribou, Caribou, Caribou, Caribou, Caribou, Caribou, Caribou, Caribou. ¡Qué show! He ido a cientos de conciertos, pero el show que dan estos hombre es irreal. Las luces, los beats, la forma en que crecen las canciones. ME JURO CONOCEDORA, pero les juro que son algo para verse por lo menos una vez. Tal vez no bailarán desenfrenadamente durante todo el concierto, pero definitivamente es algo único. Para mi suelen ser muy importantes las letras y corean multitudinariamente es una de las experiencias cosas que más disfruto de los actos en vivo, sin embargo el que en Caribou no fueran necesarias me pareció algo de admirarse.
La segunda vez que veo a los Strokes y mucho se podrá decir de el look de Julian, el desgano con el que parece cantar, el hartazgo que hay entre ellos, lo poco (nada) que interactúan con el público, entre un largo etcéra que poco vale cuando tocan Reptilia o hasta Under cover of darkness; dejé sorda a mi amiga y me odió por gritar las canciones, pero por suerte tenía junto a una holandesa que estaba igual de enferma mental que yo y reíamos juntas cada vez que gritábamos las letras juntas. Lo mejor: escuché Taken for a fool y Juicebox, cosa que no ocurrió la primera vez que los vi, ¡woo hoo!
Aquí sí se cumple lo de ir paseando y randomly encontrar una increíble banda. Mientras esperaba para ir a otro escenario, me encontré con Mutiny on the Bounty (AOC), luxemburgueses que comenzaron su set con alrededor de 25 personas y terminaron con más de 300, aplausos y vitoreos, hedbangeo al por mayor, como si fuera una fecha vendida para ellos solos. Mi amiga Elena dijo que le recordaban a Foals, ¿usted qué opina?
¿Podemos mencionar que nuevamente vi a Belle & Sebastian en un atardecer? Estoy convencida de que los ponen a la hora en que el sol se oculta para que todos digamos 'Aww' en Another sunny day o para que bailemos felizmente en Funny little frog. En The boy with the arab strap, también subió gente al escenario, envidio su energía para mantenerse bailando tanto tiempo y para sonreír también (grinch, grinch, grinch).
Interpol cumplió (se fue la luz en un par de canciones y Paul Banks dijo 'ni modo', lol), Alt -J también tienen un muy buen show y tocan perfecto, en Fitzpleasure se me olvidó un poco dónde estaba y tal, es decir, entré en trance como si me hubiera comida algo extraño (aka hongos). Tyler the creator, rap, hip hop, amigo de las Kardashian, ¡qué diversión!, a pocos se les puede aplaudir el hecho de mantener al público tan entretenido y ser tan simpático.
No es lo mismo ir a un festival en Europa a uno en México. No es la organización el número de baños y esas cosas (aquí también hay Sanirent), es el cartel en sí, porque aquí hay tanta gente que ninguno de los escenarios sufre para llenarse y creo que tienen un público mucho más específico. Por ejemplo, en el Primavera no me imagino en la misma edición a Sam Smith y Damon Albarn, cosa que en México pasó en el Corona Capital pasado. A los dos los fui a ver, pero creo que el público en general no gusta de los dos.
Aquí no hay mucho lugar para lo que comercialmente es "el hit" del momento. No existíra un Capital Cities con Arctic Monkeys (Corona 2013, creo). Comparándolo con el cartel del Corona 2015, donde está Kiesza y Pixies, creo que esa combinación nunca existiría en el Primavera. No conozco absolutamente nada de logística de festivales así que supongo que tiene que ver con asuntos de presupuest, booking o un sinfín de cosas que ignoro, el punto es señalar que aquí el público no está tan mezclado como en el Corona, por lo que es muy poco probable ver a quinceañeros vomitando en cada esquina o molestando por su borrachera a las 5:00 p.m. Eso sí, la gente que va a platicar es una maldita plaga y en Barcelona lo vas a escuchar en italiano, inglés, francés y otros idiomas de los alrededores.
Definitivamente volvería al festival porque el ambiente es tranquilo (ya estoy grande), empieza muy tarde (lo cual te da oportunidad de ir a turistear por la mañana), es muy accesible ir y llegar, el cartel no espacio al aburrimiento, el mar está atrás de los escenarios, la comida es buena, bla bla bla. Es Barcelona, esta vez me dejé envolver por la onda hippie buena onda de la ciudad y me creí todo el cuento de que la gente que vive en el mar es más feliz. Tal vez (sólo tal vez), fue que estaba de vacaciones por primera vez en un año y me hizo muy feliz no tener que esforzarme por hablar en francés (muajaja). No es cierto, me encantaron los conciertos (los Black Keys no, qué pésimo sonido y qué show tan más de hueva, tengo la teoría de que cuando los vi en el Corona me gustó el show porque estaba muy adelante acompañada de mis mejores amigas). Fin. Me callo. Vayan a festivales, la música levanta a cualquiera.
*Una disculpa por los videos en HD, pero ANDROID.
**He ido a más festivales que el Corona, aunque esta entrada parezca lo contrario.
*Una disculpa por los videos en HD, pero ANDROID.
**He ido a más festivales que el Corona, aunque esta entrada parezca lo contrario.
